El mismo día, la capital libanesa, Tripoli, vivió su mayor manifestación en años.

Este viernes, manifestantes irrumpieron y prendieron fuego a la sede del Parlamento libio en la ciudad de Tobruk, en el este del país, exigiendo su disolución. De acuerdo a los informes, los participantes en las protestas cometieron actos de vandalismo, quemaron neumáticos cerca del edificio y arrojaron a las llamas documentos oficiales.

Durante la misma jornada también se organizó la mayor manifestación en años en la capital, Trípoli, en el oeste, donde centenares de personas se congregaron para denunciar el deterioro de las condiciones de vida, criticar a las facciones armadas y las fuerzas políticas del país, exigir la celebración de elecciones lo antes posible y protestar por los frecuentes cortes de electricidad.

Durante las marchas los manifestantes corearon consignas como “¡Estamos hartos! ¡La nación quiere derrocar gobiernos! ¡Queremos electricidad!” y “No a las milicias. Queremos Policía y Ejército”.

¿Qué está pasando en Libia?

Los disturbios se apoderaron de Libia un día después de que los representantes de las autoridades nacionales rivales, uno con sede en el este del país y el otro en el oeste, no llegaran a un acuerdo en las conversaciones mediadas por la ONU en Ginebra sobre un marco constitucional para las elecciones nacionales.

El país se ha visto afectado por un conflicto interno desde la muerte de Muammar Gaddafi en 2011, suceso que provocó la aparición de gobiernos rivales. La administración con sede en el este tiene el apoyo del comandante militar Khalifa Hifter, mientras que la administración respaldada por la ONU tiene su sede en la capital, Trípoli. 

Después de que las elecciones presidenciales y parlamentarias no se lograran celebrar el pasado 24 de diciembre, el Parlamento del este decidió que el mandato del Gobierno de Unidad Nacional de Abdul Hamid Dbeibah había expirado y nombró el 10 de febrero a Fathi Bashagha para reemplazarlo.

Sin embargo, Dbeibah se niega a abandonar el poder, al considerar que solo su gabinete tiene la autoridad para preparar las elecciones. El político insiste en que entregaría el poder solo a un gobierno electo de manera legal. La sociedad, por su parte, no tan solo está descontenta por la crisis política, sino también por la escasez de electricidad y el aumento de los precios del combustible y el pan.

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