El nuevo ministro de Educación, doctor Ángel Hernández, en un
denodado esfuerzo por presentar un diagnóstico objetivo de la realidad
de la educación pre-universitaria, ha colocado en la opinión pública
algunas insoslayables verdades, como parte de los males cuasi
seculares de los que adolece el sistema educativo de la República
Dominicana.

 Sin embargo, para algunos el enfoque del ministro Hernández sobre la
problemática educativa ha sido muy limitado, porque ha  dejado de lado
lo que algunos puntos nodales, sin que se pueda negar la realidad
describiera en el sentido de que“la peor educación a nivel global, de
acuerdo con todas las mediciones internacionales y nacionales”.

 Y ha sido enfático indicar que“duele pensar que por más de 10 años el
país esté invirtiendo el 4 por ciento del Producto Interno Bruto
(PIB”, que anualmente se traduce en “un presupuesto de casi 250,000
millones de pesos, y todo se va al zafacón”.
 De esa manera el nuevo incumbente dejó por sentado una penosa
realidad que toda la sociedad buscó en las calles que se transformara,
con la asignación presupuestaria que se proyectó, como la panea para
dar al traste con esa retranca del desarrollo nacional.

  Sin embargo, y como si pretendiera moderar sus juicios sobre lo que
ha pasado en el sistema educativo público en los ocho años del
anterior gobierno, y los dos años de la presente administración, en un
 segundo encuentro con funcionarios de la cartera, pareció volver
sobre sus palabras cuando “se preguntó qué ha estado pasando en el
sistema educativo dominicano… a lo que observó que hay que saber por
qué la sociedad decidió invertir el 4 % del PIB en educación”, y como
si olvidara la caracterización anterior, se preguntó “qué pasa con
dicha inversión”.

Una caracterización limitada

 “Por eso llamó la atención a la burocracia del sistema, y la
burocracia del sistema son ustedes, y los directores de centros, somos
nosotros, que estamos a nivel central, que no se justifica el dinero
que me pagan a mí, y que les pagan a ustedes, si no hay una
preocupación por lo que es fundamental, que es el aprendizaje de los
niños.

 “Ninguno de nosotros tenemos sentido en el sistema si no hay una
conciencia de que lo fundamental es que el aula funcione bien, y para
funcionar bien necesitamos tener un buen aprendizaje”, expresó durante
el segundo encuentro con funcionarios que le corresponde la ejecución
de la política diseñada por el Ministerio de Educación.

  Sin pretender quitarle justeza a muchos de los aspectos que el
ministro Hernandez ha puesto en el debate público, se entiende que la
caracterización de la realidad educativa ha sido limitada porque el
proceso hacia el logro de una educación de calidad no solamente es
responsabilidad de los funcionarios medios del sistema, como son
educadores y en la estructura física.

 Y es que el nuevo incumbente de educación solamente se refiere al
aprendizaje, como si el término abarcara todo el proceso, por lo que
se trata de enseñanza-aprendizaje, en el que interactúan estudiantes y
docentes, pero es parte inalienable del referido proceso, los padres,
madres y tutores, así como un conjunto que en la gestión se les
denomina públicos interno y externo.

Los tratadistas definen el público interno como aquellos que inciden
directamente en la estructura organizacional de la institución, en
tanto público externo, para este caso son, la Asociación Dominicana de
Profesores y la Cooperativa Nacional de los Maestros, por solo
mencionar dos instancias, que por ciento son las que el ministro
Hernandez debe prestar una atención especial porque inciden de manera
determinante en el ánimo, conducta, y en la actitud y aptitud de los
educadores.

 Y aseguramos lo expuesto en relación a la ADP y a Coopnama porque
como instancias de integración de los educadores parecen  que no se
sienten aludidas ante los bajos niveles de la calidad educativa y el
bajo  desempeño magisterial que reflejan las mediciones que se
realizan sobre el sistema. La primera se orienta como un gremio
economicista, y la segunda, solo le importa inducir a los educadores a
decidirse por los costosos servicios que ofrece.

NOTA: El autor es presidente de la Fundación Padrino de las Escuelas
de Bahoruco, una entidad que trabaja desde hace más de 20 años con la
comunidad educativa, el deporte y la recreación sana.

Por: Rafael Méndez

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