Nuestras expectativas guían nuestras vidas. A veces las seguimos sin importar que violentemos nuestras creencias y principios.

En ocasiones la pareja que tenemos no puede cumplir las cosas que soñamos y deseamos. Se marchitan algunas expectativas y otras florecen. Comunicamos algunos y otras crecen en las frías paredes de nuestro subconsciente.

Al equilibrar las expectativas y al luchar juntos por ellas, podemos mejorar la relación de pareja.

Mientras más grandes sean nuestras expectativas más grandes pueden ser nuestras decepciones. Quien más espera más sufre.

¡Que nuestras exageradas expectativas no maten el amor y no hagan daño a quienes nos rodean!

Siempre habrá un Natán, que como a David, le reclamará en nombre de Dios que no sacrifiquemos la oveja ajena, cuando tenemos tantas propias en nuestro corral.

Por: Octavio Feliz Vidal

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