El «amo del sarcasmo» se presenta en el Auditorio de la Casa San Pablo a casa llena durante dos noches consecutivas, convirtiendo su show «1995» en una experiencia de humor, nostalgia y complicidad.
Franco Escamilla volvió a pisar suelo dominicano y, una vez más, la gran conexión entre el comediante mexicano y su público quedó demostrada. «La primera vez que yo vine, yo sí me enamoré de Santo Domingo», fueron sus primeras palabras de satisfacción.
Con el Auditorio de la Casa San Pablo a casa llena durante dos noches consecutivas, el «amo del sarcasmo» convirtió su show «1995» en una experiencia de humor, nostalgia y complicidad.
Las funciones de este sábado 21 y domingo 22 de marzo, bajo la producción de Covi Entertainment y ¡E! Eventos, marcaron el exitoso cierre de su gira por Centroamérica.
El comediante dominicano Ariel Santana se encargó de causar las primeras risas. Como primer invitado, basó sus chistes en su propia vida y su familia, para luego bromear sobre los premios Soberano y las interioridades del stand up comedy.
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El comediante mexicano Christian Meza le sirvió de relevo. Meza mantuvo el buen ambiente analizando el español dominicano y destacó con mucha gracia la forma en que los criollos toman las palabras, las «sacuden» y logran que cobren un sentido completamente distinto al original.
Luego de preparar el terreno, el escenario quedó listo para el momento más esperado de la noche.
Franco Escamilla, nacido en el 81, con 44 años («tirando a 45», como él mismo bromea), presentó un espectáculo cargado de nostalgia en el que repasó su juventud.
El viaje en el tiempo conectó de inmediato con la audiencia al despertar recuerdos compartidos, como lo incómodo que era andar cargando esos primeros celulares inmensos, o la paciencia que requería usar un teléfono de casa, donde un solo error al marcar te obligaba a empezar de cero.

Eso sí, destacó que nada superaba el placer de trancar el teléfono de golpe tras una discusión para dejar al interlocutor hablando solo.
El baúl de los recuerdos lo cerró burlándose de las clásicas cámaras fotográficas de los 90, recordando ese flash que lastimaba los ojos y lo tedioso que era esperar semanas para por fin revelar las imágenes.
Fiel a su estilo, Escamilla también contó anécdotas e hizo sus característicos chistes de humor negro.
Hizo chistes sobre la marihuana, habló de sus anécdotas con su familia, un viaje a Disney y habló sobre La Mesa Reñoña, su popular programa de YouTube donde debate y hace comedia junto a sus colegas.
En un momento más cercano con el público, recordó algo que le escribió un niño más o menos en 2013 o 2014 a través de Twitter, que ahora es X: «Franco, yo no llegué desde el principio, pero me quedaré hasta el final».
El humorista se apoyó en las palabras de este joven para abrazar a su nuevo público, dejando claro que valora tanto a los fanáticos de sus inicios como a los que recién descubren su comedia, y agradeció a todos por sumarse a su trayectoria y acompañarlo en sus presentaciones.
A la hora de despedirse, Escamilla mantuvo la honestidad que siempre ha mostrado sobre su relación con la guitarra.
Confesó que cuando era joven no pensaba dedicarse a la comedia, sino a la música, por lo que decidió cerrar la noche a ritmo de «Sin Rencores».
Esta canción, popularizada en 2010 y con remezclas entre 2015 y 2018, le sirvió para sellar un exitoso fin de semana de puras risas y felicidad en Santo Domingo.

