Por: Gonzalo Zegarra, CNN en Español
Siete días pasaron desde que la tierra se sacudió en Colombia, dejó en escombros a miles de viviendas y causó más de 280 muertos, el terremoto más fuerte en lo que va del siglo XXI en el país. La atención de la emergencia, distribuida en 15 departamentos con diferente grado de gravedad en territorios muy desiguales, también desató algunas controversias políticas sobre la ayuda internacional, mientras se va cerrando la posibilidad de encontrar sobrevivientes.
Amanecía el primer día hábil del recién instalado gobierno del presidente Abelardo de la Espriella cuando se desató el sismo con epicentro en San José del Palmar, departamento del Chocó. Por su profundidad, el impacto se extendió por una zona enorme del occidente y centro del país, lo que marcó varios desafíos logísticos. El mandatario, que asumió personalmente el liderazgo de la respuesta, repartió a su gabinete por las regiones para estar presente junto a los damnificados.
Aunque Bogotá y Medellín, las dos ciudades más grandes del país, tuvieron daños menores, cinco capitales departamentales fueron muy golpeadas y quedaron en alerta roja por los daños. Entre los 472 municipios afectados, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) contabiliza 127.608 viviendas averiadas, 26.392 destruidas y 197 edificios colapsados, según el balance más reciente.

