La pérdida de arbolado en la cuenca del Amazonas alcanza ya un 17 %, mientras que en las regiones brasileñas de la selva, la deforestación se acerca al 20 %.

La deforestación en el Amazonas amenaza con convertir grandes partes de la selva tropical en una sabana, devastar su biodiversidad y provocar una acumulación de grandes cantidades de carbono en la atmósfera, advierten los autores del artículo ‘Punto de inflexión de la Amazonía: la última oportunidad para la acción’, publicado el viernes pasado en la revista científica Science Advances.

“La preciosa Amazonía está al borde de la destrucción funcional, y, con ella, nosotros también”, alertan Thomas Lovejoy, de la Universidad George Mason (Virginia, EE.UU.), y Carlos Nobre, de la Universidad de São Paulo. “Hoy estamos exactamente en un momento clave del destino: el punto de inflexión está aquí, ahora”.

Los expertos cifran la pérdida actual de árboles en la cuenca del Amazonas en un 17 %, mientras que en las regiones brasileñas de la selva, la deforestación se acerca a un 20 %.

Los científicos vaticinan que esta deforestación transformará el este y el sur de la selva amazónica en “sabanas tropicales” que posiblemente acabarán extendiéndose a las zonas centrales y del sudoeste, donde las precipitaciones tienden a rondar el nivel mínimo requerido para que una selva tropical prospere. A este desenlace contribuye también el calentamiento global, que se manifiesta en la reducción de precipitaciones y el aumento de las temperaturas.

Preservar la humedad con la reforestación 

La situación podría revertirse mediante una “inmediata, activa y ambiciosa reforestación”, ante todo en las zonas deforestadas donde se sitúan tierras de cultivo y ranchos ganaderos abandonados, que constituyen alrededor del 23 % del territorio forestal destruido, abogan Lovejoy y Nobre.

Los científicos recalcan que la selva amazónica proporciona una humedad de la que se benefician todos los países de América del Sur excepto Chile, que queda aislado por los Andes. Esa humedad es, de hecho, una parte “clave e integral” del sistema climático del continente y es crucial sobre todo para la agricultura del sur de Brasil.

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