Al celebrar el Día de la Industria Nacional y el 57 aniversario de la fundación de la Asociación de Industria de República Dominicana (AIRD), la institución presentó su Segunda Proclama, describiendo el panorama del sector, exponiendo dificultades e indicando elementos de un camino que puede llevar al país a ser considerada la potencia industrial del Caribe. Aquí se presentan algunas de las reflexiones compartidas ese día.

Innovación: eje clave

El presente año fue declarado por el presidente Danilo Medina como el año de la Innovación y la Competitividad, dos retos que representan la clave para incrementar la productividad de nuestras empresas y avanzar hacia la 4ta. Revolución Industrial.

El momento es propicio para impulsar un modelo de desarrollo económico-social capaz de establecer una economía competitiva, sostenible e integradora. La innovación es el eje clave que puede articular los esfuerzos públicos y privados en una misma dirección.

Aunque es cierto que los resultados de políticas públicas no se cosechan en un año, por sólo aunar voluntades y enfatizar la importancia de las exportaciones desde las más altas instancias del gobierno, en 2018 se produjo un incremento del total de las exportaciones equivalente a un 7.8% y sólo en las exportaciones industriales un 9.0%. Se prestó puntual atención a las exportaciones hacia la región del Caribe. Las exportaciones al CARICOM crecieron un 15.5% entre el 2017 y 2018.

República Dominicana puede convertirse en el supermercado del Caribe… Y también ¿por qué no? en la ferretería, la farmacia, la carnicería, el suplidor de bebidas, la tienda por departamentos y, por supuesto, el beauty supply del Caribe.

Es un despertar que llena de esperanza, luego de varios años de estancamiento.

Pasos al frente

La AIRD ha proclamado la necesidad de tomar medidas urgentes que permitan que las industrias puedan competir con rapidez y flexibilidad en el mercado internacional y en el mercado local. Entre esas medidas -y de cara a la innovación- se plantea

1º. Adoptar y adaptar tecnologías ya disponibles, que mejoren la productividad y la competitividad, incorporar bienes de capital avanzados e incorporar mejores prácticas. Se hace necesario ejecutar cuanto antes las medidas propuestas en el seno del Consejo Nacional de Competitividad que constituyen una extensión de las facilidades de la Ley de PROINDUSTRIA, las cuales proveen mecanismos para estimular a las industrias a adquirir, mejorar y absorber tecnologías y capacidades para promover la innovación en productos y procesos.

2º. Continuar fortaleciendo los encadenamientos con otros sectores productivos como el agropecuario, el turismo y las zonas francas para generar mayor valor agregado nacional, ahorro de divisas y exportaciones indirectas. Se hace necesaria la solución urgente de trabas administrativas y tributarias que entorpecen estos encadenamientos.

3º. Hacer realidad el reclamo de que las compras públicas de bienes y servicios constituyan un instrumento de política pública para fomentar el desarrollo productivo local. Todas las compras gubernamentales de una u otra forma son parte de un plan social. Es por un interés social que se facilitan medicinas en una botica popular, o se construye una carretera o un hospital.

4o. La reforma laboral debe ser concluida. El no concluirla conduce a informalidad laboral creciente, estancamiento del empleo industrial, desnacionalización laboral, emigración de profesionales capacitados, tanto por límites del propio mercado laboral como por a causa del lento desarrollo tecnológico que muestra el país.

5º. En el marco de las reformas estructurales e institucionales pendientes, se requiere concluir la firma y puesta en marcha del Pacto Eléctrico; ampliar la base tributaria, reducir la informalidad y simplificar los procesos tributarios. Además, eliminar las excesivas trabas burocráticas y permisos y que todas las instituciones gubernamentales se unan para dejar que la tecnología juegue el papel de facilitador de los procesos; defender la producción nacional frente a las importaciones desleales; promover una cultura de calidad; acceso a instrumentos de financiamiento más competitivos para el sector industrial; dotar al país de una ley de residuos que sirva de marco para impulsar la economía circular y la gestión integral de los residuos sin impuestos o tasas distorsionantes y fortalecer las instituciones estatales de servicio a la industria.

Acercarnos a las fronteras tecnológicas

En el Índice Global de Innovación (2018), República Dominicana aparece ubicada en el lugar 87 de 126 países. Según este estudio, los factores críticos para el país son: instituciones (lugar 83), investigación y desarrollo (lugar 105), infraestructura (74), sofisticación del mercado (73), sofisticación de las empresas (95), conocimiento y tecnología (92) y creatividad (62).

A nivel de América Latina, el país representa el 1.68% de la población y el 1.41% del PIB. Sin embargo, sólo originamos un 0.3% de las solicitudes de patentes en Latinoamérica, lo que equivale a cinco veces menos de lo que nos correspondería en razón de nuestra población y riqueza.

Ante estos indicadores, la clave para promover un cambio productivo en las industrias está en lograr que las empresas se acerquen a las fronteras tecnológicas, para lo cual requieren planteamientos nuevos, incluyendo el marco legal que impulse la innovación, la investigación y el desarrollo. Las empresas necesitan dotarse de nuevas capacidades, haciendo posible dar respuestas estratégicas a los retos de su entorno.

Se requiere acercar al país y su aparato productivo a las fronteras tecnológicas, la automatización, la inteligencia artificial, la robotización, la impresión 3D, el internet de las cosas, la economía colectiva y circular, el incremento constante de la productividad vía la innovación, entre otros aspectos que hoy están articulándose -y ya están articulados en varias economías- para producir ese fenómeno de la época que hemos llamado la 4ta. Revolución Industrial.

Es un desafío ubicarnos en la menor distancia posible o quedarnos rezagados con lo cual, limitaríamos las posibilidades de desarrollo económico y social sostenible.

República Dominicana necesita innovación, innovación y más innovación. Sin embargo, desarrollar una cultura innovadora y un ecosistema que la facilite no es algo fácil en el país. No se cuenta con una política pública en el Estado para promover la innovación empresarial. Los académicos confunden su alcance; las autoridades no dimensionan su importancia, no la estimulan, ni la incentivan y en muchos casos la desestimulan o colocan trabas a la inversión.

En el caso de las empresas: no se dedica tiempo suficiente para promoverla; se paralizan proyectos bajo el argumento de que no hay dinero, sin estar conscientes de que existen muchas formas de innovación, incluso con costos insignificantes.

Además, innovar en empresas con culturas poco innovadoras desmotiva a los empleados y emprendedores y no permite que se desarrollen nuevas ideas ni que estas se conviertan en proyectos. El principal freno de la innovación de muchas empresas se llama liderazgo. Para innovar hay que cambiar la forma de liderar las empresas.

La innovación no es más que dejar atrás las formas de trabajar del pasado, dejar atrás a la empresa y dejar atrás los sistemas de gestión del siglo XX.

El llamado más ferviente de la AIRD es a caminar juntos en una alianza a largo plazo entre todos los sectores de la sociedad, para construir una verdadera cultura de innovación y un ecosistema que garantice avanzar exitosamente hacia la 4ta. Revolución Industrial.

Es necesario ser intencionales en el cambio. Jack Welch, escritor y empresario estadounidense, CEO de General Electric, indicó una vez “Cambia antes de que tengas que hacerlo”.

Síntesis de la Proclama con motivo del Día de Industria Nacional 2019 y el 57 aniversario de la Asociación de Industrias de República Dominicana (AIRD).

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Por El Dinero