La jerarquía implica quién manda, quién diseña las reglas y hace que las órdenes y mandatos familiares se cumplan. En una familia tradicional con ambos padres en el hogar se entiende que éstos deben formar un núcleo ejecutivo y ponerse de acuerdo para que la familia funcione adecuadamente y las órdenes fluyan sin conflicto.

Hoy en día tenemos muchas familias monoparentales en las que solo hay uno de los padres, generalmente la madre con los hijos y las órdenes del papá vienen de manera esporádica y desde fuera. En otras familias, aún con los dos padres en el hogar, la jerarquía es ejercida por otros familiares influyentes como serían abuelos, tíos y en ocasiones amigos. 

Cuando los padres no juegan el rol que les corresponde tendríamos una patología de jerarquía que requiere ser corregida en terapia familiar.

Hoy en día muchos padres tienen que utilizar herramientas incorrectas para lograr imponer su autoridad como sería el uso de golpes y de insultos. Cuando tenemos autoridad suficiente esas estrategias no son necesarias. 

En el diseño de una jerarquía sana no le debemos quitar a nuestros hijos la capacidad de pensar y de disentir de nosotros. Algunas reglas se pueden discutir y analizar con ellos, aunque hay reglas que los padres las pueden imponer por su delicadeza. 

El diseño de reglas, rutinas, y el ejercicio de mandatos efectivos, son importantes para una jerarquía eficiente. No debemos dar órdenes repetidas que no se cumplan. Cuando ordenamos debemos procurar la siguiente vez que la orden se ejecute, sin violencia pero acompañando al niño o adolescente a la ejecución.

Cuando damos muchas órdenes que no se cumplen nos convertimos en padres ineficaces. Mandamos mucho, pero nadie nos hace caso.

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