Azua.-Con cantos, danzas y un marcado orgullo ancestral, Azua abrió sus brazos a una misión arqueológica que busca reescribir una de las páginas más trascendentales de la historia dominicana. El activista cultural Julio Merán encabezó el recibimiento en la entrada del municipio a la reconocida arqueóloga Kathleen Martínez y a su equipo de especialistas israelíes, quienes iniciaron formalmente la búsqueda de las osamentas del Cacique Enriquillo en las ruinas históricas de Pueblo Viejo.

La iniciativa, que cuenta con el respaldo de la Dirección General de Proyectos Estratégicos y Especiales de la Presidencia (Propeep), marca un hito en la preservación y reivindicación de la memoria indígena, al cumplirse cinco siglos de la muerte del líder taíno que resistió al dominio colonial.

El recibimiento también dio paso a la escritora e investigadora Lidia de Macarrulla, impulsora histórica de este propósito, en un acto que puso en escena la identidad del azuano “tirapiedra”, con vibrantes presentaciones culturales creadas por Julio Merán, donde la música, el color y la tradición se entrelazaron como símbolo de resistencia y pertenencia.

Sonriente y firme, la arqueóloga Kathleen Martínez, responsable de la investigación, destacó el rigor científico que guiará cada etapa del proceso. Subrayó que el equipo trabajará con metodología arqueológica avanzada, tecnología especializada y estricto respeto al patrimonio histórico, conscientes de que la búsqueda no solo persigue restos humanos, sino la confirmación de un legado que marcó la historia del Caribe.

Por su parte, Lidia de Macarrulla evocó cómo la perseverancia transformó la ruina en un verdadero laboratorio de historia, sosteniendo que la figura de Enriquillo considerado el “Guerrillero de América” representa una raíz viva en la identidad nacional. Recordó que este proyecto es fruto de años de insistencia, investigación y compromiso con la memoria colectiva.
Con visión de futuro, aunque sin proyectarlo a un siglo, Macarrulla expresó que, de confirmarse el hallazgo, Azua experimentaría un impulso cultural, académico y turístico significativo, convirtiéndose en epicentro de estudios históricos y referente de la resistencia indígena en América.

Visiblemente emocionado, Julio Merán resaltó la valentía del cacique Enriquillo como símbolo de dignidad, defensa y liderazgo, afirmando que su figura continúa convocando al pueblo a valorar su identidad y su historia.

El párroco Rafael Cuello también sumó su voz al acto, ofreciendo una bendición al equipo investigador y evocando pasajes de la vida del líder taíno, destacando su lucha por la justicia y su capacidad de diálogo, cualidades que lo convirtieron en un referente histórico más allá de su tiempo.

Con este inicio formal de los trabajos en Pueblo Viejo, Azua no solo revive la memoria de su pasado, sino que se proyecta hacia el futuro con la esperanza de confirmar, entre ciencia y tradición, el descanso final del cacique que desafió un imperio.

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