Por: Janser Martínez
En los últimos días ha comenzado a circular, en los alrededores del Partido Revolucionario Moderno, la idea de que la candidatura presidencial se defina mediante consenso.
El consenso puede ser una herramienta válida cuando responde a circunstancias concretas y contribuye a preservar la unidad. Sin embargo, conviene preguntarse si realmente existe la posibilidad de adoptarlo o si, por ahora, estamos simplemente ante una narrativa. En ambos casos, vale reflexionar sobre el momento, la forma y las consecuencias de colocarlo prematuramente en el debate interno.
Anticipar acuerdos mientras la organización moviliza sus estructuras puede generar efectos no deseados. Parte de la militancia podría interpretar que el esfuerzo territorial no tiene peso frente a decisiones adoptadas en otros espacios. Una expectativa de consenso que finalmente no se concrete también podría percibirse como una señal de debilidad.
Los rumores modifican conductas: impulsan a los aspirantes a acelerar alianzas y tomar posiciones antes de tiempo, mientras generan incertidumbre en las candidaturas congresuales y municipales.
Respetar los tiempos significa comprender que la candidatura presidencial no es la única en juego. Miles de dirigentes perremeístas también aspiran legítimamente a posiciones congresuales y municipales.
Cualquier señal anticipada puede alterar equilibrios, condicionar aspiraciones y generar incertidumbre en quienes construyen sus posibilidades desde el territorio. Ese puede ser uno de los principales costos y daños colaterales de una decisión tomada o narrada antes de tiempo.
Y hay algo fundamental: la reelección en juego es la del partido, no la de un candidato en particular. Las decisiones deben fortalecer la organización y garantizar que sus bases sientan que su participación cuenta.
Cuando una herramienta legítima se utiliza fuera de tiempo, puede producir el efecto contrario: enfriar la competencia, alimentar suspicacias y debilitar la confianza.
La unidad no se decreta. Se construye con confianza.
Y la confianza también se construye respetando los tiempos, las reglas y las legítimas aspiraciones de todos.

