Azua.-Isidro de los Santos, un envejeciente de 70 años de edad, reside en la comunidad de Las Cañitas, provincia Azua, en condiciones de extrema vulnerabilidad, viviendo solo en una vivienda en avanzado estado de deterioro que no reúne las mínimas condiciones de habitabilidad. La estructura presenta graves daños, carece de comodidades básicas y refleja el abandono en el que transcurre la vida de este adulto mayor.

De acuerdo con comunitarios, don Isidro duerme directamente en el piso, sin cama ni colchón, expuesto a la humedad y a las inclemencias del tiempo, situación que pone en riesgo su salud y su integridad física. La precariedad en la que vive contrasta con su edad y con la necesidad de protección que requiere una persona en esta etapa de la vida.

El envejeciente no cuenta con hijos ni esposa que puedan brindarle apoyo, por lo que su subsistencia depende casi exclusivamente de la solidaridad de algunos vecinos, quienes, cuando les es posible, le llevan alimentos o le ofrecen ayuda básica para que pueda sobrellevar el día a día. Sin embargo, esta asistencia resulta insuficiente frente a las múltiples carencias que enfrenta.

Los residentes de Las Cañitas expresan su preocupación por la situación de Isidro de los Santos, señalando que su caso es un reflejo de la realidad que viven muchos adultos mayores en comunidades vulnerables, donde la falta de recursos y la ausencia de programas de asistencia agravan las condiciones de vida de quienes más necesitan protección.

Ante este panorama, comunitarios hacen un llamado a las autoridades competentes, así como a instituciones de asistencia social, iglesias y organizaciones comunitarias, para que acudan en auxilio de este envejeciente, brindándole una vivienda digna, una cama adecuada y el acceso a atención médica y alimentación regular.

La historia de don Isidro no solo evidencia una necesidad urgente de ayuda, sino que también apela a la sensibilidad humana y a la responsabilidad social, recordando que el bienestar de los adultos mayores debe ser una prioridad colectiva y que, con voluntad y solidaridad, aún es posible devolverle dignidad y esperanza a quienes han sido olvidados.

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