Por Alexis Castillo | De Todo Un Poco
Hay historias que ocurren al mismo tiempo, en un mismo país y entre jóvenes de prácticamente una misma generación, pero que terminan llevando sus nombres a lugares completamente diferentes.
Mientras la República Dominicana contabilizaba, en apenas diez días, 21 personas fallecidas en hechos en los que participaron agentes policiales, cinco jóvenes de apenas 18 años pasaban día y noche frente a un libro, intentando conquistar un récord mundial.
Conviene hacer una precisión. No es correcto afirmar que esas 21 personas eran delincuentes condenados. En los reportes publicados aparecen personas señaladas por las autoridades por presuntos homicidios, robos, atracos, secuestros, narcotráfico, porte ilegal de armas y otros hechos. En numerosos casos, la Policía sostiene que sus agentes fueron recibidos a tiros.
Son versiones oficiales que deben diferenciarse de una sentencia judicial. La responsabilidad penal se determina en los tribunales, no en un reporte policial ni en una noticia.
Sin embargo, el contraste entre ambas historias resulta inevitable.
Por un lado, jóvenes cuyas vidas terminaron vinculadas a enfrentamientos con agentes policiales.
Por el otro, cinco muchachos que decidieron que sus nombres aparecieran en las páginas de la historia por una razón completamente distinta.
Cinco jóvenes, cinco provincias, un país, un solo propósito
Ellos son:
Abril Sharmin del Rosario Jiménez, de La Romana.
Ismael Alejandro Durán de la Rosa, de San Cristóbal.
Maikol Yafrani Arias Sánchez, de Monseñor Nouel.
Mayury Ariaany Vélez Sánchez, de María Trinidad Sánchez.
Franchesca Alí Minier Suárez, de La Vega.
Todos tienen 18 años.
Cinco provincias.
Cinco historias personales.
Una misma misión: leer.
El 31 de agosto comenzaron el desafío «Juventud en Voz Alta». Durante 21 días mantuvieron activa la lectura, turnándose para conseguir que las palabras no se detuvieran.
El 21 de septiembre alcanzaron 500 horas y 13 minutos de lectura continua.
Más de 60 libros pasaron por sus voces.
Comenzaron con Hay un país en el mundo, de Pedro Mir, y con esa misma obra cerraron el desafío.
Dos maneras de ser noticia
Mientras algunos jóvenes fueron noticia porque las autoridades los buscaban o los señalaban por presuntos delitos, estos cinco fueron noticia porque decidieron perseguir un libro, una meta y un récord.
Unos terminaron formando parte de las estadísticas de muertes ocurridas durante intervenciones policiales.
Los otros terminaron frente a un país que celebraba una hazaña educativa y cultural.
Y aquí la historia deja de ser solamente sobre cinco jóvenes que leyeron durante más de 500 horas.
Se convierte en una pregunta para todos nosotros:
¿Qué camino le estamos ofreciendo a nuestra juventud?
Porque cuando hablamos de delincuencia juvenil, muchas veces la conversación comienza demasiado tarde.
Comienza cuando aparece una pistola, cuando ocurre un atraco, cuando llega una denuncia, cuando interviene la Policía o cuando una familia termina buscando respuestas.
Pero quizás esa conversación debería comenzar mucho antes.
En la escuela.
En la familia.
En el barrio.
En las oportunidades.
En los libros.
En el deporte.
En la cultura.
En la formación técnica.
En la tecnología.
En la posibilidad de que un joven pueda imaginar y construir un futuro diferente.
Estos cinco jóvenes demostraron algo sencillo, pero poderoso:
La juventud también puede convertirse en noticia por lo que construye y no solamente por aquello que destruye.
No todos los jóvenes que nacen en un barrio vulnerable terminan en la delincuencia.
No todos tienen las mismas oportunidades.
Y tampoco todos reciben las mismas posibilidades para descubrir aquello que pueden llegar a ser.
Por eso, quizás la historia de Abril, Ismael, Maikol, Mayury y Franchesca debería ser mucho más que un récord.
Debería convertirse en una invitación a preguntarnos qué ocurriría si miles de jóvenes dominicanos tuvieran acceso permanente a libros, deportes, arte, tecnología, formación técnica, universidades y espacios donde desarrollar sus talentos.
Cinco jóvenes nos dejaron una lección
Cinco jóvenes de 18 años demostraron que también se puede pasar la noche despierto por un propósito.
Que se puede enfrentar el cansancio por una meta.
Que se puede competir sin disparar.
Que se puede luchar sin violencia.
Que se puede ganar sin que nadie tenga que perder la vida.
Y que un libro también puede convertirse en un escenario donde la juventud demuestre de qué está hecha.
Veintiuna historias terminaron recientemente relacionadas con intervenciones policiales.
Cinco jóvenes escribieron otra historia con sus voces.
No sabemos qué habría ocurrido con cada uno de esos 21 jóvenes si sus historias hubiesen tomado otro rumbo.
Eso sería especular.
Pero sí sabemos algo: la sociedad puede trabajar para que la próxima generación tenga más caminos antes de llegar al último camino.
Porque el desafío no consiste solamente en combatir al joven cuando delinque.
El verdadero desafío también está en construir una sociedad donde delinquir no parezca la única alternativa para ningún joven.
Otros cuatro jóvenes y una historia que también debe hacernos reflexionar
No puedo cerrar esta reflexión sin referirme al caso relacionado con el artista Julián Oro Duro, quien se encuentra en recuperación tras los golpes que recibió durante un hecho en el que participaron cuatro jóvenes.
Según las informaciones difundidas por las autoridades, uno de ellos, de 18 años, es señalado como responsable de la muerte de Zeneida Socorro Castillo, esposa del artista. De acuerdo con esas informaciones, los involucrados habrían despojado a la pareja de una cantidad de dinero aún no determinada, además de relojes y otras prendas de valor.
Se trata de un caso que deberá continuar su curso conforme a las investigaciones y al proceso judicial correspondiente.
Estos cuatro jóvenes, aunque su historia es distinta a la de las 21 personas mencionadas anteriormente, también enfrentan ahora las consecuencias de un camino que, según las acusaciones formuladas por las autoridades, los llevó hasta ese punto.
Y precisamente ahí vuelve a aparecer la pregunta central de este artículo:
¿Qué estamos haciendo como sociedad antes de que un joven llegue a ese lugar?
Y en Azua, otra joven decidió escribir su propia historia
Pero la historia no termina ahí.
Sumada a los cinco jóvenes que hicieron historia con la lectura en voz alta, en Azua encontramos otro ejemplo que merece ser destacado.
Una joven de 18 años, oriunda de Ansonia, decidió poner en circulación su primer libro.
Se trata de Marialys Pineda, autora de De tu sombra a mis propios pasos.
Su libro está disponible para la venta en el Liceo Federico Antonio Geraldo, de la comunidad de Ansonia.
Una joven escribiendo un libro también es una noticia.
Y quizás deberíamos aprender a mirar más esas noticias.
Porque mientras algunos titulares nos hablan de violencia, armas, atracos y muertes, también existen jóvenes que están escribiendo, leyendo, estudiando, creando, investigando y construyendo.
Historias que muchas veces no ocupan el mismo espacio en las páginas de sucesos, pero que también hablan del país que podemos llegar a ser.
No todo está perdido
Lo ocurrido con estos jóvenes nos recuerda que no todo está perdido.
Podemos seguir apostando a la juventud.
A la familia.
A la escuela.
A los valores.
A la cultura.
A los libros.
Al deporte.
A la educación.
A las oportunidades.
Porque una sociedad que deja de creer en sus jóvenes comienza, de alguna manera, a renunciar a su propio futuro.
Los cinco jóvenes que leyeron durante más de 500 horas nos dejaron una imagen poderosa.
Mientras una parte del país contaba muertos, otra parte del país contaba páginas.
Mientras unos jóvenes aparecían en las páginas de sucesos, otros jóvenes escribían una página de la historia dominicana.
Cinco jóvenes.
18 años.
Cinco provincias.
Más de 500 horas.
Más de 60 libros.
Y una joven de Azua, con apenas 18 años, decidió agregar otra página a esa historia con su primer libro.
Quizás eso sea lo que más necesitamos como sociedad: que nuestros jóvenes tengan páginas donde escribir antes de que otros terminen escribiendo sobre ellos.
Y cierro con una sola pregunta para todos nosotros:
¿Qué estamos haciendo hoy para decidir en qué páginas aparecerán nuestros jóvenes mañana?

