He luchado con el sin sentido de la vida. He arropado el dolor y la pérdida desde mi más tierna adolescencia. Llegué a creer que nada tenía sentido. Por qué permite Dios que ocurran circunstancias con tanto dolor?

Nunca entenderemos la pérdida trágica de un padre joven, la de un hermano y menos aún  la de un hijo.

Viví con la pérdida  y el dolor mucho tiempo y cuestioné a Dios por haber permitido lo que yo no entendía. Muchos años después, ya siendo médico y  académico, conocí a alguien, a través de María, quien era mi novia, previo al matrimonio y me hizo llegar el libro del doctor Dobson ” Cuando lo que Dios hace no tiene sentido”. Este libro llegó a mi vida cuando mi fe en Dios había sido golpeada por las circunstancias dolorosas de la vida.

De ese libro aprendí que hay un propósito  en aquellas circunstancias que no tienen sentido. En las pérdidas, en las enfermedades y aún en las crisis económicas: hay un propósito que desconocemos, pero que viene a reforzar nuestra humanidad y crea las condiciones para aprender que como humanos tenemos que convivir y sobrevivir a las decepciones y  a las frustraciones de la vida.

Debemos seguir viviendo, aunque hayamos perdido parte de nuestra vida al partir un ser querido. Hay un propósito para los que quedamos. Debemos seguir luchando, crecer y aportar a la sociedad y dejar que ese ser querido sea nuestra inspiración para ser mejores, más humanos y más agradecidos de Dios, por los bienes y la vida que nos regala.

Hay un propósito y un sentido en  circunstancias que no comprendemos. Seguir viviendo, ser útiles y productivos es nuestra misión. Acompañados con el amor que es lo que le da sentido a nuestras vidas. Así comprenderemos mejor a Dios y sus infinitas opciones para amar a los seres humanos, aun cuando el sin sentido, el dolor, el hambre, las enfermedades y la injusticia social nos digan lo contrario.

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