Decimos a veces que tenemos hijos que son poco comunicativos, porque hablan poco. Toda conducta es comunicación. Cuando alguien calla está informando algo, nos da un mensaje.

Cuando se ve la tristeza en el rostro, o cuando vemos ojeras por no dormir bien: sobran las palabras.

Cada conducta de un hijo nos debe advertir acerca de qué pasa con él. Podemos leer su estado de ánimo y ayudarle en su situación. Como padres, debemos acudir sin el espíritu de crítica que nos caracteriza, sin juzgar, con el fin de favorecer la confianza y que nuestros hijos confíen en nosotros. 

Padres y madres deben tener una conexión emocional con sus niños y adolescentes. Es un trato personal de cada progenitor, es un trabajo de persona a persona para lograr esa sinceridad emocional que permita que nuestros hijos nos cuenten sus problemas para poder ayudarlos. Es trágico saber que se los cuentan a otros y que cuando nos enteramos, ya es muy tarde.

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