La presencia de un monstruo en la familia que aterroriza a los padres o a uno de ellos, refleja una patología en la jerarquía. Minuchin usaba con cierta frecuencia esa metáfora del monstruo y se preguntaba sobre cuáles hombros se montaba el pequeño (a) que no quería obedecer los mandatos de un progenitor o de ambos. 

Cuando los dos padres no se ponen de acuerdo en las reglas y en los límites los niños y adolescentes se alían a un progenitor y hacen coalición contra el otro padre o madre. Uno de los padres puede irrespetar al otro y quitarle  autoridad.

Sin embargo, en algunas familias puede haber un poder fuera de los padres como sería una tía poderosa, un abuelo u otro familiar que le sirve de hombro al monstruo rebelde. Se carcome la autoridad de los padres o de uno de ellos y los resultados serán negativos hacia el futuro.

Cuando descuidamos la autoridad, la cual se debe ejercer con firmeza y amor como recomienda la Disciplina Positiva: le abrimos las puertas al caos, a la rebeldía. Se crea un caldo de cultivo a las adicciones y propiciamos un carácter sin límites en los hijos. La falta de límites y reglas puede condicionar dificultades para una vida adulta independiente y proactiva.

La autoridad ejercida amorosamente debe fomentar la participación de los hijos en la construcción de reglas y límites. Fomentar la responsabilidad y aplicar consecuencias a la violación de las normas ayuda al buen funcionamiento de la familia.

Muchos padres y madres son ciegos y sordos, ante la realidad de que si desautorizan al otro progenitor, quitándole autoridad, están creando las bases para futuros problemas que requerirán un sacrificio de los padres al cosechar hijos con adicciones, rebeldía, embarazo en la adolescencia y deserción escolar.

 Debemos no ceder la autoridad por descuido en su ejercicio o por desconocer los efectos negativos que esto creará en el futuro. Si los padres descuidamos nuestro rol, otros lo asumirán y no siempre con buenos fines.

Ambos progenitores deben ponerse de acuerdo, sin desautorizarse, con el objetivo de lograr una crianza positiva sin descuido de la jerarquía y con un ambiente que permita el crecimiento de hijos respetuosos, responsables y recursivos.

 

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