De padre venezolano y madre dominicana. Era de espíritu libre, por lo que tuvo que enfrentar el difícil camino de las circunstancias  que encontró en el transcurrir de su vida.

Dado su desprecio por los convencionalismos sociales  y su rechazo a la degradante lisonja, se vio precisado a cambiar de status una que otra vez: bohemio, empleado de poca monta, amigo de aventuras en búsqueda de algo que muchas veces no encontraba.

Cuando ejercía como maestro en Puerto Plata tenía la característica de hacerse acompañar permanentemente de su revólver al que en ocasiones opto por echarle mano, cuando una que otra circunstancia  le agotaba la paciencia. También impartió docencia en la ciudad de La Vega, específicamente en el colegio San Sebastián.

Había en Freites Roque un ideal que lo impulsaba a combatir la iniquidad, aunque le costara la vida; eternamente vivió inconforme con la mentira.

En Puerto Plata  el periódico AZUL Y VERDE (dominical), publicaba el que hacer aldeano de aquella comarca y con algunas cosas que en ese periódico se publicaban Freites Roque no estuvo de acuerdo, lo que le originó la fractura de un muslo.

Al trasladarse a Santo Domingo el azuano confronto ciertas dificultades, pues como ya fue dicho no se avenía con las falsedades y engaños. Hombres de esta estirpe siempre viven en permanente repudio a lo inauténtico.

De las injusticias que tuvo que soportar Arturo Freites Roque fue la grosera acusación en 1911 de haber sido cómplice del asesinato de un hombre en San Pedro de Macorís de cuya gobernación había sido secretario. Fue tan débil la acusación que la justicia no tuvo más remedio que absolverlo. Esto fue el inicio de la desaparición del periódico  EL LATIGÓ. Bajo su dirección. En el citado año escribió la novela INEXORABLE, de estilización  vargavilista que debido a las circunstancias del momento, tales como poco habito de lectura, intolerancia, escasa libertad para la difusión del pensamiento, etc. fue preciso trasladarse a varios puntos del país para vender algunos ejemplares.

Resaltaban en su conducta: Excentricidades, mas no repulsión; preferencia por lo distante, aunque una que otra vez propiciaba intercambios intelectuales con personas de su entorno;  muy poca vocación por el matrimonio, a pesar de lo cual aceptó el lazo del casamiento; presentaciones coyunturales de racha de epilepsia, de las que salían algunos actos de  violencia moderada, que nunca llegaron a agresiones físicas  contra persona alguna.

Su valiente postura anticontinuista le produjo el martirio en el año 1914, cuando fue cobarde y alevosamente asesinado por un infernal sicario, a quien unos desalmados defensores de intereses non sanctos, no sólo le pagaron su truculenta felonía, sino que además lo premiaron con la impunidad y un placentero traslado al extranjero.

Así termino la vida de Arturo Freites Roque, merecedor de un mejor destino.

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