Los hijos deben lograr su desarrollo físico y psicológico con el respaldo de los padres y tutores y a la vez deben ir adquiriendo herramientas para la independencia o autonomía.

Al nacer, lo natural en la especie humana es la desprotección y poco desarrollo biológico de las crías; contrario a otras especies animales que al nacer ya pueden caminar. 

A los niños hay que protegerlos en su primer y segundo año de vida. En los siguientes se requiere mucho cuidado, lo cual genera un gran apego entre el niño y su cuidador.

El apego con la madre tiende a ser mayor que con el padre en el primer año de vida,  por el rol de maternidad que la biología asigna a la madre.

Apego seguro:

El apego entre la madre o cuidador puede ser seguro para el infante, cuando hay una madre disponible que suple necesidades de alimento, calor y limpieza a tiempo. 

Apego inseguro:

 Hay madres que le proporcionan a su hijo un apego inseguro que provoca en el niño ansiedad e incertidumbre. Es la cuidadora que no está disponible cuando se le necesita en momentos de hambre, frío o molestia por la evacuación o micción (la orina) realizada por el niño. También se considera apego inseguro o ansioso, al que proporciona una madre  o tutor no predecible. La que abandona al niño.

Los  niños y niñas criados con apego inseguro o ansioso al llegar a la adultez pueden desarrollan miedo al abandono. Ese apego no resuelto en la infancia se lleva  mucho a las relaciones de pareja y esto dificulta que ya como adultos no se desarrolle la autonomía plenamente.

Nuestra niñez impacta nuestra vida adulta en las relaciones de pareja. Esas relaciones objetales nos marcan y guían nuestras relaciones, sin ser nosotros conscientes de como nuestra niñez vivida y la seguridad emocional o su falta que teníamos en la infancia, nos afecta cuando tenemos miedo al abandono como adultos.

Miedo al abandono:

El miedo al abandono se acompaña a un apego excesivo con la pareja, dependencia emocional y puede acompañarse de juegos infantiles como celos, persecución de la pareja y la incapacidad de reclamar una relación justa cuando nos maltratan y abusan. También los cónyuges muy dependientes tienen dificultades para asimilar las separaciones y tener confianza en que nuevos comienzos pudieran ser buenos. Si elegimos correctamente a la próxima pareja y buscamos ayuda profesional preventiva  para resolver estos temas de apego y dependencia emocional excesiva, podríamos lograr relaciones sanas.

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