Azua.-El historiador Apolinar de León Medrano ofrece una detallada mirada al pasado del actual municipio de Pueblo Viejo, en la provincia de Azua, revelando que este territorio fue el primer asentamiento de lo que posteriormente se convertiría en Azua.

De acuerdo con sus investigaciones, en 1504 fue establecido allí el núcleo original de la villa, sobre un antiguo poblado indígena. Más tarde, en diciembre de 1508, la comunidad recibió su escudo de armas y el nombre de Villa Compostela de Azua, consolidándose como uno de los primeros enclaves coloniales de la región sur de la isla.

Sin embargo, en 1751 un devastador maremoto destruyó gran parte del asentamiento, lo que obligó a su traslado hacia el lugar que hoy se conoce como Azua de Compostela. A raíz de ese acontecimiento, el antiguo emplazamiento comenzó a ser llamado Pueblo Viejo, denominación que conserva hasta la actualidad.

El historiador también destaca que en la antigua villa se proyectó la edificación de la Universidad Santiago de la Paz, iniciativa impulsada mediante la donación de bienes realizada por Hernando, con el propósito de que funcionara en la Villa de Compostela de Azua. No obstante, la obra fue finalmente establecida en Santo Domingo.

Entre los vestigios más emblemáticos que aún se conservan en Pueblo Viejo figuran las ruinas del antiguo Convento de Las Mercedes, edificación religiosa que además funcionó como cementerio para los españoles durante la época colonial. Según la narrativa de De León Medrano, en ese convento el cacique Enriquillo habría solicitado ser sepultado antes de su muerte, lo que añade un profundo simbolismo histórico al lugar.

El convento, al igual que gran parte de la villa, fue destruido por el maremoto de 1751. Pese a ello, sus ruinas permanecen como testimonio tangible de una historia marcada por el esplendor colonial, la resistencia indígena y las fuerzas de la naturaleza.

La reseña histórica concluye que Pueblo Viejo constituye, sin lugar a dudas, memoria viva de los orígenes de Azua y un patrimonio invaluable que conecta el presente con los cimientos más antiguos de la historia dominicana.

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