Por: Franklin Segura

Durante años, quienes hoy integran la oposición tuvieron en sus manos la oportunidad de transformar la provincia de Azua y, en particular, el municipio de Sabana Yegua. Sin embargo, muchas de las obras que hoy consideran prioritarias nunca fueron gestionadas mientras ejercían el poder.

Por eso, es válido preguntar: ¿dónde estaban Rafael Calderón, Luis Vargas, Julio Brito y las demás autoridades del PLD cuando pudieron impulsar la construcción de un recinto de la UASD, un hospital traumatológico, un hospital pediátrico infantil o promover inversiones para fortalecer el turismo y dinamizar la economía de la provincia?

La respuesta también se encuentra en una necesidad histórica que aún permanece en la memoria de la gente: el puente sobre el río Tábara, en el paso de Ciasa. Durante más de dos décadas de gobiernos del PLD no se construyó una infraestructura vital para conectar a Sabana Yegua, Ganadero, Proyecto 4, Tábara Abajo, 2C, Los Negros, Barreras y otras comunidades. Miles de ciudadanos convivieron durante años con las dificultades de una obra que nunca llegó.

Las interrogantes continúan. ¿Dónde estaban las autoridades provinciales cuando no se gestionó un destacamento policial, un CAIPI, un Comedor Económico, una sucursal del Banco de Reservas, un polideportivo o la instalación de reductores de velocidad para uno de los municipios con mayor dinamismo económico y ubicación estratégica de la provincia?

En el plano institucional también existe un marcado contraste. Durante los gobiernos del PLD, Sabana Yegua apenas contaba con una posición de relevancia, la dirección del INDRHI. Hoy el municipio dispone de cuatro direcciones provinciales y ha recibido inversiones que superan los 500 millones de pesos en obras de infraestructura y desarrollo.

Las comparaciones no deben hacerse sobre discursos, sino sobre resultados. Son las obras, las inversiones y las oportunidades las que permiten evaluar una gestión pública. Azua y Sabana Yegua continúan avanzando con proyectos que impactan la calidad de vida de sus habitantes, generan empleos y fortalecen las bases para un desarrollo sostenible.

Al final, la ciudadanía tiene la capacidad de distinguir entre quienes tuvieron la oportunidad de hacer y no lo hicieron, y quienes hoy impulsan proyectos que durante décadas fueron reclamados por la población. En política, la mejor carta de presentación siempre serán los hechos.

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