En política, las percepciones pueden influir en el debate público, pero los resultados electorales son los que finalmente reflejan la voluntad de los ciudadanos. Por eso, cuando algunos sectores de la oposición insisten en proyectar la idea de que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) atraviesa un supuesto desplome electoral, conviene revisar la historia antes de construir conclusiones.

El partido que hoy representa el PRM tiene sus raíces en una tradición política que, incluso en los tiempos del antiguo Partido Revolucionario Dominicano (PRD), mantuvo una importante fortaleza electoral. Salvo en momentos muy específicos marcados por profundas divisiones internas, esa corriente política rara vez descendió del 40 % de los votos.

Los datos históricos hablan por sí solos:

  • En 1962, Juan Bosch obtuvo el 59.53 % de los votos.
  • En 1966 alcanzó el 39.04 %.
  • Antonio Guzmán ganó las elecciones de 1978 con 52.36 %.
  • Salvador Jorge Blanco obtuvo 46.78 % en 1982.
  • En 1986, Jacobo Majluta logró 39.20 %, en un proceso marcado por la división entre Peña Gómez y Majluta.
  • En 1990, José Francisco Peña Gómez descendió a 23.23 %, precisamente como consecuencia de aquella fractura interna.
  • En 1994 recuperó 41.55 % y en 1996 alcanzó 48.75 %.
  • Hipólito Mejía obtuvo cerca del 49 % en el año 2000 y 33 % en 2004, nuevamente en un contexto de división con Hatuey De Camps.
  • Miguel Vargas logró 40.48 % en 2008.
  • Hipólito Mejía alcanzó 42.48 % en 2012.
  • En 2016, ya con el PRM recién constituido tras la ruptura con el PRD, Luis Abinader obtuvo 34.98 %, resultado condicionado por la división ocurrida en 2014.
  • En 2020, Abinader ganó la Presidencia con 52.52 %.
  • En 2024 fue reelegido con 57.44 %, uno de los mayores respaldos electorales de la historia democrática reciente.

Estos números evidencian un patrón: cuando esta fuerza política ha permanecido unida, ha demostrado una sólida capacidad para conquistar la confianza del electorado. Las únicas caídas significativas coinciden con períodos de conflictos internos, episodios que hoy forman parte del pasado.

A esa realidad electoral se suma una fortaleza institucional difícil de ignorar. El PRM cuenta actualmente con una amplia representación en los distintos niveles del Estado, incluyendo 28 senadores, 144 diputados y más de 120 alcaldías, lo que refleja una estructura política consolidada y con presencia en todo el territorio nacional.

Por esa razón, resulta poco creíble afirmar que una organización con ese nivel de respaldo institucional y con los resultados obtenidos en las últimas elecciones pueda reducirse repentinamente a porcentajes inferiores al 30 %, como algunos intentan hacer creer.

La democracia necesita una oposición fuerte, responsable y capaz de fiscalizar al Gobierno. Sin embargo, esa labor debe sustentarse en propuestas, ideas y soluciones para los problemas del país, no en narrativas que contradicen los hechos.

Los dominicanos conocen la trayectoria de cada organización política y de cada uno de sus principales dirigentes. Saben quiénes han gobernado, cuáles han sido sus aciertos y también sus errores. En una sociedad cada vez más informada, el debate político debe elevar su nivel y centrarse en ofrecer respuestas concretas a las necesidades de la población.

La competencia democrática no se gana difundiendo percepciones que los datos desmienten. Se gana convenciendo a la ciudadanía con proyectos viables, liderazgo y credibilidad. Al final, como siempre ocurre en democracia, será el pueblo quien tenga la última palabra en las urnas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esto se cerrará en 0 segundos