Por: Franklin Segura
Antes que todo, quiero dirigirme a los amigos de la oposición y al pueblo dominicano en general. Me permito compartir una reflexión, aun sabiendo que, como suelen decir los grandes eruditos, es de mala educación ofrecer consejos a quien no los ha solicitado. Les pido disculpas por la imprudencia, pero considero que vale la pena expresar este pensamiento.
Amigos opositores y pueblo querido: el intelectual, catedrático y político español Julio Anguita decía: «Votad por el honrado, aunque sea de derechas o de izquierdas; votad por el honrado.» Más allá de las diferencias ideológicas, esa frase nos invita a valorar la integridad de quienes aspiran a dirigir los destinos de una nación.
Se puede discrepar, disentir o no compartir las decisiones del presidente Luis Abinader. Sin embargo, desde mi punto de vista, debe reconocerse que es una persona honrada. Asimismo, sostengo que sus familiares no han sido señalados por hacer negocios con el Estado y que proviene del sector empresarial, donde construyó un patrimonio antes de asumir la Presidencia.
Del mismo modo, cada ciudadano puede tener diferencias con figuras como Carolina Mejía, David Collado, Raquel Peña, Guido Gómez Mazara, Wellington Arnaud o José Ignacio Paliza (Yayo). No obstante, considero que el debate político debe sustentarse en hechos y no en acusaciones sin pruebas.
También reconozco que en los partidos de oposición existen hombres y mujeres con capacidad, experiencia y vocación de servicio. Tanto en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) como en la Fuerza del Pueblo (FP) hay dirigentes valiosos que merecen respeto dentro del escenario democrático.
Mi llamado al pueblo dominicano es que analice con serenidad a quienes aspiran a dirigir el país. Que estudie las propuestas, la trayectoria, el comportamiento ético y la capacidad de cada candidato. El voto debe ser una decisión consciente, basada en el interés nacional y no únicamente en la simpatía partidaria.
En ese análisis, considero que es válido preguntarse qué pueden ofrecer al país los distintos aspirantes presidenciales y evaluar su desempeño público, así como los resultados de las administraciones en las que han participado. Cada ciudadano tiene el derecho y la responsabilidad de sacar sus propias conclusiones.
Como expresó en una ocasión el doctor Joaquín Balaguer, hay caminos que no deben volver a recorrerse. Más allá de la interpretación de esa frase, creo que la enseñanza principal sigue siendo la misma: el país necesita líderes íntegros, comprometidos con el bienestar colectivo y el respeto a la ley.
Por eso concluyo recordando las palabras de Julio Anguita, que siguen teniendo vigencia en cualquier democracia: «Votad por el honrado, sea de derechas o de izquierdas, pero votad por el honrado.» El futuro de la República Dominicana dependerá, en gran medida, de la calidad ética de quienes elegimos para gobernarnos.

