Recuerdo que a mis 17 años, después de terminar el colegio universitario, tenía que ir a la ciudad capital a cursar mis estudios de médico.

Nunca había vivido sin mis padres y hermanos. Sin embargo, con la pena de alejarme de mi madre llegué a Santo Domingo. Viví mi primer año con un tío hermano de mi madre. Aprendí a lidiar con la ciudad con la asesoría de mi primo. Comprendí que era un ambiente diferente a mi ciudad natal y que no podía ser tan confiado.

 Había que cuidarse de que no te robaran en los carros y autobuses públicos tu dinero del mes. Los estafadores que vendían cadenas falsas o que te hacían entregar tu dinero para una receta. Hoy las capitales de muchos países son peores y los jóvenes tienen más peligros.

 Los robos, secuestros, asesinatos, drogas son nuevos y peores peligros.

Nuestros hijos deben crecer. Asumir riesgos, elegir por ellos mismos su carrera y su futuro. A esa altura los principios y la responsabilidad serán su guía. 

Nuestras expectativas para nuestros hijos son nuestras. Ellos luchan por ser diferentes a nosotros. Luchan por ser ellos mismos. A veces no lo entendemos como padres. Al final quien no defina su propia agenda, vivirá a la sombra de sus padres. No logrará ser él o ella como persona. 

El futuro es desconocido. Debemos encomendar al porvenir y a Dios a nuestros hijos. Serán los futuros políticos. Los jueces y abogados, educadores, médicos, obreros, choferes, policías, militares, ingenieros,  músicos y cantantes. 

También podrán ser los desviados de la sociedad, los que no cumplen las reglas del sistema. Serán el próximo mundo. No un mundo perfecto pero será el que ellos nos darán. 

Nuestra capacidad de dejarlos ir, de que suelten amarras permitirá que vuelvan. Que sean responsables, que sean respetuosos y que quieran una sociedad justa y mejor.

Hay padres y abuelos maltratados por sus hijos. No han cumplido sus expectativas. Algunos vencidos por adicciones golpean y maltratan a sus padres y abuelos. Esa falta de autonomía de los hijos crea padres codependientes que pagan deudas y resuelven problemas legales a sus hijos. 

Muchos padres codependientes pierden la salud: diabetes, hipertensión y estrés son cosecha de tormentos provocados por unos hijos que no logran crecer con responsabilidad y no pueden ser independientes.

Nos toca a los padres educar y disciplinar a nuestros hijos para que sean responsables, respetuosos y recursivos a la sociedad; con talentos que no escondan y que logren desarrollar sus habilidades para su propio bien y el bien de una sociedad más justa, menos violenta, con acceso a la educación, a la salud y a la seguridad ciudadana.

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