La madre y su historia  es un tema que tenemos que entender. Juzgamos a nuestras madres y cuestionamos sus actuaciones y desconocemos el contexto en que esa madre nos concibió.  Por ejemplo mi hermana fue la primera hija de mi madre. Ella era muy joven, con escasa experiencia. 

Esa no fue la misma madre que yo tuve. Yo fui su último hijo. Ya la experiencia  le sobraba. Su historia había evolucionado.

 Cuando nuestros padres viven lo hacen en un contexto o ambiente. A veces tienen limitaciones, miedos, dificultades y poco apoyo para continuar su proyecto de vida. Juzgarlos a veces resulta injusto. 

Sus experiencias precarias y las potencialidades que tienen no siempre les permite darnos el apoyo que hubiésemos deseado. A veces crean deudas con nosotros por el afecto, el tiempo que nos brindan y el apoyo que nos dan.

La historia doblega a nuestras madres. Hay capítulos que a veces no nos cuentan. En ocasiones hay madres que fueron abusadas física y sexualmente. Otras sufrieron hambre y desnudez. Juzgar es muy fácil. Y en ocasiones no nos permitimos perdonar las faltas, que a nuestro juicio cometieron nuestras madres.

Pienso en tantas madres que tienen historias diferentes. Las que emigran y dejan a sus hijos con familiares. Las que van a la universidad y dejan al cuidado de otros a sus hijos. Las que sufren de enfermedades físicas y mentales y otras que tienen mejor suerte y mejor vida de pareja y familiar.

Recordemos que nuestras madres tienen una historia y que con humildad debemos escucharla o investigarla.

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