Pensar y ayudar a los demás es una fuente de inspiración. Amar lo que hacemos: lavar un baño en una institución pública, dar información, manejar un vehículo público, dar una palabra de aliento, administrar con honestidad los recursos del pueblo y educar a niños y jóvenes,  eso es inspiración.

Inspiración  es lograr que las nuevas generaciones se integren al deporte, a la música, es sacar a la juventud de la desesperanza, de las drogas y del sin sentido de la vida, que promueven los malos gestores públicos.

Cada cosa que hacemos, decía Pablo, debemos hacerla como para el Señor. Así tendríamos respeto por nuestras acciones, por pequeñas que sean. Trabajaríamos por salvar una vida de la falta de sentido.

Y como Víctor Frank, diremos a viva voz que hay sentido para vivir, que no importa lo difícil que sea nuestra vida; que no importa que una enfermedad nos haya quitado las ganas de vivir: encontraremos sentido al proyectar nuestra ayuda a los demás y al sentir que nuestros pequeños actos, pueden ser grandes obras para los más necesitados.

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