Por: Dra. María Estela Minyetty Báez
Esfuercense por mantener la unidad del espiritu mediante el vinculo de la paz
(Efesios 4:3; Biblia Reina Valera 1960).
En los últimos días, al leer diferentes comentarios en las redes sociales, he observado opiniones divididas sobre el nombre con el cual debería identificarse nuestra provincia: algunos defienden con entusiasmo “Azua, ciudad del tomate”, mientras otros consideran que merece ser reconocida como “Azua, ciudad de la poesía”.
Que existan opiniones distintas es saludable. Una comunidad que piensa, propone y debate demuestra que está viva. Sin embargo, lo preocupante comienza cuando el intercambio de ideas deja de ser un diálogo y se convierte en un enfrentamiento entre quienes aman nuestras letras y quienes valoran profundamente nuestra producción agrícola.
Precisamente esa situación me ha motivado a escribir este artículo. Más importante que escoger un nombre u otro es cuidar la forma en que nos expresamos. El respeto con que defendemos nuestras ideas puede engrandecer a Azua mucho más que cualquier título. Porque una provincia no solo se distingue por los nombres que lleva, sino también por los valores que practican sus ciudadanos.
Azua es tierra de personas brillantes, trabajadoras, creativas y valientes. Esa grandeza también debe reflejarse en nuestras redes sociales, en la manera de presentar una opinión y, sobre todo, en la capacidad de escuchar y responder a quienes piensan diferente. No se pierde dignidad al reconocer el valor de la idea ajena; por el contrario, se demuestra madurez, educación y amor por la comunidad.
En lo personal, considero que sería motivo de orgullo que nuestra provincia no tuviera que elegir entre una identidad y la otra. ¿Por qué reducir nuestra grandeza cuando podemos celebrarla por completo?
Azua puede ser, con toda verdad, la provincia de la poesía y del tomate.
La poesía representa nuestra sensibilidad, nuestra memoria, nuestra capacidad de convertir los sentimientos, las luchas y los sueños en palabras. En ella vive la voz de nuestros escritores, de nuestros artistas y de todas las personas que han encontrado en la cultura una manera de expresar el corazón azuano. La literatura permite interpretar la realidad y descubrir nuevos significados en aquello que parece cotidiano (Eagleton, 2007).
El tomate, por su parte, simboliza el trabajo de la tierra, el esfuerzo de nuestros productores, la perseverancia de las familias agricultoras y una actividad económica que ha dado reconocimiento y sustento a nuestra provincia. Cada cosecha contiene madrugadas de sacrificio, manos laboriosas y esperanzas sembradas bajo el sol.
Una identidad no disminuye a la otra. La poesía alimenta el espíritu y el tomate alimenta nuestros hogares y fortalece nuestra economía. Una nace de la inspiración; el otro, del surco. Ambos son frutos de esta tierra. Ambos hablan de nosotros.
Unir estas dos expresiones abre un horizonte mucho más amplio para Azua. Nos permite proyectarnos como una provincia en la que la riqueza cultural y la productividad agrícola caminan juntas. Una tierra capaz de cultivar alimentos, pero también pensamientos, versos, talentos y sueños.
Esta unión puede convertirse en una oportunidad para promover festivales culturales y agrícolas, ferias del libro, concursos de poesía, exposiciones artísticas, rutas turísticas, encuentros de productores y actividades educativas. Imaginemos una celebración en la que nuestros escritores declamen sus versos, mientras nuestros agricultores muestran con orgullo el fruto de su trabajo. Allí no habría vencedores ni vencidos: ganaría Azua.
El diálogo auténtico no busca imponer una voz, sino crear un espacio donde todas las personas puedan expresarse, escucharse y reconocerse como parte de una misma comunidad. Habermas (1987) sostiene que el entendimiento se construye mediante una comunicación orientada al respeto y al consenso. Esa enseñanza resulta especialmente valiosa en una época en la que las redes sociales pueden acercarnos, pero también dividirnos cuando olvidamos que detrás de cada comentario existe un ser humano.
Defender nuestras ideas no significa atacar a quienes sostienen una posición distinta. Se puede disentir sin ofender, argumentar sin humillar y responder sin destruir. Las palabras también son semillas: dependiendo de cómo las sembremos, pueden producir comprensión o resentimiento, unión o distancia. Como se puede leer el texto que dió origen a este artículo, la palabra de Dios resalta que la unidad no es solo un ideal, sino un compromise active con la paz, el respeto y el amor entre todos.
Por eso, este debate debería servirnos para recordar que nuestra verdadera fortaleza no está en escoger entre el tomate y la poesía, sino en aprender a reconocernos en ambos. Somos cultura y agricultura. Somos pensamiento y trabajo. Somos versos nacidos del alma y frutos nacidos de la tierra.
Azua debe brillar por todo aquello que la une, no por las discusiones que podrían separarla. Cuando una comunidad abraza sus diferencias con respeto, cada voz encuentra su lugar y cada talento tiene la oportunidad de florecer.
La diversidad no es una amenaza: es una riqueza cuando existe un propósito común.
No permitamos que dos símbolos tan valiosos se conviertan en motivos de confrontación. Hagamos de ellos un puente entre generaciones, sectores y comunidades. Que el poeta valore las manos del agricultor, y que el agricultor se sienta representado en los versos del poeta. Al final, ambos crean: uno cultiva la tierra y el otro cultiva la palabra.
Quizás la pregunta no debería ser si Azua es la provincia de la poesía o del tomate. La pregunta podría ser:
¿Qué podemos hacer juntos para que el mundo conozca y valore todas las riquezas de Azua?
La respuesta comienza con respeto, continúa con diálogo y se fortalece con unidad. Porque cuando caminamos juntos, nuestras diferencias no nos debilitan: nos completan.
Que Azua sea reconocida como tierra de poesía y de tomate; como tierra de cultura, trabajo, talento, hospitalidad y esperanza. Que nuestros productos lleven consigo la historia de nuestra gente y que nuestros versos narren la dignidad de quienes trabajan cada día por una provincia mejor.
Finalmente, quiero resaltar que cada paso hacia la unidad es un paso que abre camino hacia un future más Fuerte y más justo.
Azua no tiene que elegir entre la palabra y la tierra. Puede escribir su futuro con poesía y cultivarlo con sus propias manos.
Referencias
Biblia Reina-Valera (1960).
Eagleton, T. (2007). Una introducción a la teoría literaria (J. E. Calderón, Trad.). Fondo de Cultura Económica.
Habermas, J. (1987). Teoría de la acción comunicativa (Vols. 1–2). Taurus.

