Dr. Octavio Féliz Vidal, Terapeuta Familiar y Sexual

Los escándalos de abuso sexual ocurridos en el país son frecuentes. El actual caso de un popular payaso ha generado consternación. Pero anteriormente han sido involucrados también religiosos,  entrenadores deportivos y algunos maestros. Han sido casos públicos que se han ventilado en los medios.

La frecuencia de estos abusos sexuales, cometidos generalmente por hombres contra niños y niñas, deben poner a reflexionar a los padres y madres, ingenuos que confían en personas que organizan actividades y eventos que  promueven a niños y adolescentes.

Al confiar demasiado en otros, exponemos a nuestros hijos y adolescentes a riesgos. Debemos protegerlos y al no hacerlo nuestros hijos viven un infierno. Las secuelas después del abuso sexual pueden causar  vergüenza, depresión, efectos sobre su identidad sexual, ideas e intento suicida, suicidio, y dificultades sexuales en la vida adulta. 

La ingenuidad parental, la confianza excesiva, la falta de supervisión: favorece a los depredadores sexuales que se involucran en trabajos con niños y adolescentes.

El Estado debe poner supervisión y controles con las personas que trabajan con niños y adolescentes. La protección de la niñez y adolescencia de los abusos sexuales debe ser materia de una política de estado, con una eficiente persecución y proceso judicial en contra de los perpetradores.

Se debe educar a los padres para que refuercen el autocuidado de niños y niñas. Hay que enseñarles que no deben ser tocados en sus partes íntimas ni por familiares, ni por extraños. Es importante  recordar que muchos casos ocurren por familiares que abusan.

Por eso los niños no deben ser dejados al cuidado de cualquier persona. De hecho, algunos infantes  son maltratados por tener  padres irresponsables que los entregan sin supervisión a otros.

El abuso sexual se da en ambientes de asimetría de poder, donde el adulto además de su edad puede tener influencia sobre los niños por su posición de liderazgo. 

Es deber de los padres que cuidar  a sus niños y adolescentes del abuso sexual, ya que  por su inmadurez emocional caen fácil en manos de depredadores que los seducen.

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