Por: Octavio Feliz

La infidelidad continúa siendo una de las principales causas de crisis y ruptura en las relaciones de pareja. Sin embargo, reducirla a una simple traición puede impedir comprender las distintas motivaciones que llevan a una persona a involucrarse afectiva o sexualmente fuera de su relación. El psiquiatra Frank Pittman, en 1989, identificó cuatro patrones de comportamiento infiel que siguen siendo una referencia útil para analizar este fenómeno desde una perspectiva más amplia y humana.

El primero es el encuentro accidental, una experiencia casual y aislada que ocurre sin planificación previa. Aunque suele presentarse como un “error del momento”, este tipo de infidelidad demuestra que incluso una decisión impulsiva puede tener consecuencias profundas sobre la confianza y la estabilidad emocional de la pareja.

En contraste, el flirteo habitual responde a una conducta repetitiva. Quienes encajan en este patrón buscan deliberadamente encuentros sexuales fuera de la relación, convirtiendo la infidelidad en una dinámica constante. Más que un hecho aislado, se trata de una necesidad recurrente de conquista, validación o excitación, lo que suele generar un deterioro progresivo del vínculo afectivo.

Otro patrón identificado por Pittman es el de las aventuras románticas. Aquí la motivación principal no es únicamente el deseo sexual, sino la búsqueda de revivir la intensidad emocional del enamoramiento. La rutina, las responsabilidades y el desgaste cotidiano pueden hacer que algunas personas intenten recuperar fuera de la relación la emoción que sienten perdida dentro de ella. El problema es que esta salida rara vez resuelve las dificultades de fondo y, con frecuencia, añade nuevas heridas.

El cuarto tipo es quizás el más complejo: el acuerdo en la pareja. En este caso, uno o ambos miembros aceptan de manera explícita o implícita cierta distancia emocional o sexual para evitar conflictos o preservar la convivencia. Este patrón desafía la idea tradicional de fidelidad y pone sobre la mesa una realidad incómoda: no todas las parejas funcionan bajo las mismas reglas, aunque la falta de claridad y consenso puede terminar generando más tensión que alivio.

Comprender estos cuatro rostros de la infidelidad no significa justificarla. Significa reconocer que detrás de cada historia existen emociones, carencias, decisiones y responsabilidades diferentes. En tiempos en que las relaciones enfrentan presiones sociales, económicas y emocionales cada vez mayores, la comunicación honesta y la construcción de acuerdos claros siguen siendo las herramientas más efectivas para evitar que la distancia emocional se transforme en una ruptura de confianza.

La verdadera pregunta, quizás, no es solo por qué alguien es infiel, sino qué está ocurriendo dentro de la relación —o dentro de la propia persona— para que la fidelidad deje de ser una elección compartida.

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