Un cúmulo de estrellas situado a 9.000 millones de años luz podría contener astros surgidos alrededor de 3.000 millones de años después del Big Bang.

El telescopio espacial James Webb, operado conjuntamente por la ESA, la NASA y la Agencia Espacial Canadiense, ha detectado los conjuntos esféricos de estrellas (cúmulos globulares) más lejanos jamás descubiertos. Se trata de unas densas formaciones que podían contener las primeras y más antiguas estrellas del universo.

El registro de datos del telescopio fue analizado por investigadores de un equipo interuniversitario canadiense que se centraron en lo que llamaron la galaxia Sparkler, que captaron a 9.000 millones de años luz de distancia tras desentrañar las señales que llegaban al observatorio por medio de una lente gravitacional, detalla un artículo publicado el 29 de septiembre en The Astrophysical Journal Letters.

El telescopio James Webb capta la primera imagen detallada del sistema de anillos de Neptuno en más de tres décadas

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El peculiar nombre de la galaxia proviene de los pequeños puntos amarillos y rojos que la rodean y que los científicos apodaron ‘chispas’ (‘sparkles’ en inglés). Según el equipo canadiense, estos resplandores podrían ser cúmulos globulares jóvenes, aglomeraciones que albergaban las estrellas nacidas aproximadamente 3.000 millones de años después del Big Bang.

“Estamos observando la [galaxia] Sparkler tal como era hace 9.000 millones de años, cuando el universo tenía solo 4.500 millones de años, viendo algo que sucedió hace mucho tiempo”, explicó Lamiya Mowla, astrónoma de la Universidad de Toronto y primera autora del estudio. “Estos cúmulos recién identificados se formaron cerca de la primera vez que fue posible la formación de estrellas”, sostiene.

Cinco de los 12 grupos analizados se encuentran entre los más antiguos conocidos, según las mediciones del desplazamiento al rojo y otros parámetros realizados por este equipo. El telescopio James Webb es capaz de observar el universo en distintas longitudes de onda y su potente óptica ha permitido comprender mejor qué edad tienen los cúmulos globulares y cuántas estrellas contienen.

Según Mowla, no es tan fácil determinar las edades de los cúmulos de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, así como las de esas ‘chispas’ globulares apenas detectables en otro extremo del universo. Para una mayor precisión, los astrónomos combinaron los datos de la cámara de infrarrojo cercano del nuevo telescopio espacial con la información de archivo del Hubble.

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