En nuestro país son frecuentes los actos que llevan al hombre a perder el control emocional por el amor de una mujer. 

Ocurre en todo el mundo, en países ricos y pobres, por lo que nos arriesgamos a ver como algo obvio esa debilidad del hombre, esa incapacidad de aceptar algunas separaciones amorosas. Digo algunas porque es una relación que ha creado un vínculo especial, ha llenado un vacío objetar tal vez de experiencias infantiles. 

Es una mujer que llega a ser insustituible, sin la cual no se podría vivir. He visto hombres perdiendo el control total de sus emociones por una separación. Algunos han buscado terapia para no cometer un error porque han pensado, cómo sería matar a su pareja?.

Otros lanzan ese enojo, ira y vergüenza contra si mismos. Quieren quitarse la vida y algunos lo hacen. A las mujeres les  afectan las separaciones, pero ese comportamiento sin control emocional, esa bestia que se desata y que puede hacer daño a otros o a si mismo es un comportamiento más masculino.

Algunos hombres que cometen feminicidios o se suicidan han sido mujeriegos. En ocasiones tienen otras parejas al momento de la desgracia. Pero su fijación, su obsesión, su apego es con una mujer. No asimila una separación con esa mujer, tampoco la asimila con otro hombre, su razón se quiebra, pierde la capacidad de ser objetivo y de meditar sus acciones.

¿Somos víctimas los hombres de un apego patológico que nos crea la cultura o experiencias de abandono en la infancia o vínculos muy cercanos a la madre?. No sabemos. Se requieren estudios y esos hombres, víctimas de sus desborde emocionales, se llevan muchos de sus secretos a la tumba o ellos mismos no interpretan bien sus procesos psíquicos internos.

Al parecer las mujeres asumen las separaciones con más control emocional y aceptación. Algunas no, pero por lo que se ve con los feminicidios, son cometidos mayoritariamente por hombres.

Debemos educar a los niños con la capacidad de no apegarse tanto a una mujer y de aceptar las separaciones y dejar ir a quien no quiere seguir con nosotros. Debemos también, madurar las emociones como la vergüenza, la ira y el enojo, para controlarlas y no ser presas de un descontrol emocional que dañe a la mujer o a ellos mismos.

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