Ser docente no es solo ponerse una chaqueta que represente, es estar dispuesto a levantarse con el frío de la mañana, trasladarse hasta su centro sin importar que esté nublado o llueva.

Es convertirse en doctor cuando algún estudiante está “maloso”. 

Ser docente es incluso tener la capacidad de desempeñarse como psicólogo, para entender porqué se comporta un alumno de tal o cual forma.

Un maestro es y debe ser un segundo padre para los estudiantes, ya que pasa más tiempo con ellos que con sus propios hijos. Es dar ese abrazo sincero. 

Un verdadero docente muestra disposición de trabajar todos los días y a cualquier hora, responder mensajes hasta estando acostado… si fuera necesario. Siendo la escuela ese puente entre la familia y la sociedad, para esa gran labor y compromiso.

Yo renuncio si no puedo contribuir con el desarrollo de esos futuros profesionales, si no soy imagen de respeto y confianza para ellos.

“El que acepta la tarea de enseñar y no la desempeña eficazmente, causa un daño irreparable a la sociedad que le confía su porvenir” palabras de José Ingenieros.

Por: Carmen Laura Soriano 

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